Porque demasiado no es suficiente

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Una colección nueva cada dos o tres meses. Con precios asequibles (aunque con calidades discutibles), las diferentes cadenas y marcas son auténticas maestras creando deseo. Pero, ¿es necesario todo lo que compramos? La respuesta, en la mayoría de los casos, es no. Detengámonos a pensar en ello un momento. ¿Cuál es el sentido de comprar algo diseñado para que pase de moda en menos de un año? Lejos de ser una crítica, esto no es más que una reflexión sobre un modelo de consumo que a todos nos arrastra o nos ha arrastrado en algún momento.

La industria de la moda se ha convertido en un gigante, tan gigante que es la tercera industria más contaminante. Plomo, pesticidas o insecticidas. Todo eso puede haber en tu ropa. Dejando a un lado lo contaminante de estos productos, este no es el único impacto de la industria textil en el planeta. Solo por mencionar algunas cifras, cada año se talan casi 100 millones de árboles para extraer la celulosa necesaria para la fabricación de telas, para producir un kilo de algodón se necesitan cinco mil litros de agua y para producir un pantalón vaquero entre once y diecinueve mil litros. Todo esto por no mencionar el proceso de teñido químico de las telas, que presenta un grave riesgo para la salud de aquellos que realizan el trabajo, además de traducirse en una inmensa cantidad de vertidos, generalmente a ríos y océanos.

Pero esto no es todo. El accidente ocurrido en Bangladesh en una fábrica textil en 2013 reavivó el debate sobre las condiciones laborales de los trabajadores. Como nos recordaba hace poco la campaña #WhoMadeMyClothes de Fashion Revolution, las prendas que nos compramos esconden en la mayoría de ocasiones innumerables horas de trabajos mal pagados en pésimas condiciones. Y sí, en gran parte de las ocasiones son niños los que cosen nuestras bonitas camisetas.

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Todo esto lleva a plantearse muchas cosas. Al menos para mí, llegó un momento que la realidad me golpeó en la cara y decidí que no quería seguir siendo parte de ese modo de consumo. De que no quería seguir ignorando por decisión algo de lo que todos, de un modo u otro somos cómplices. Un modo de consumo más ético conlleva una gran satisfacción personal, además del impacto positivo que provocas. Eso sí, no es fácil. Pero vivimos en un mundo lleno de posibilidades, solo hay que buscarlas. Estas son mis propuestas para aquellos que quieran cambiar su modelo de consumo por uno más sostenible:

  1. Comprar menos, aprovechar más. Obvio, pero a la vez muy complicado. Al menos para mí. Incluso cuando intento no consumir, o hacerlo de un modo responsable, las tentaciones están en todas partes. Pero también es verdad que en más de dos o tres ocasiones he comprado prendas que no he utilizado más de 5 veces.
  2. Comprar en tiendas de segunda mano Dependiendo de donde vivas, es cierto que a veces no son muchas las tiendas de segunda mano al alcance. Pero hay que buscar más oportunidades a nuestro alrededor, a veces hay más de las que creemos. Las tiendas de segunda mano son una ocasión perfecta para dar una segunda vida a un producto que iba a convertirse en desechos, además de ser una forma mucho más barata de consumir.
  3. Intercambio de ropaA título personal, no parece difícil encontrar unas pocas personas de tu entorno con talla y gustos similares. ¡Compartir es multiplicar!
  4. Tiendas/marcas de moda sostenibleVale, esto es más complicado. Es cierto que el comercio sostenible no está al alcance de todos los bolsillos, a pesar de todas las opciones que hay ahora mismo en el mercado. Pero, esto nos lleva de vuelta al primer punto. Si solo consumimos lo que necesitamos, podremos permitirnos la compra de productos más caros. Además, generalmente estos productos son sinónimo de una mayor calidad, por lo tanto, a la vez que estás reduciendo tu impacto, te estás asegurando de que lo que compras es más duradero.

Esto no es más que una guía, una reflexión sobre cómo las cosas no cambian si nosotros no queremos. Porque no debemos olvidarnos que el mundo que tenemos es el que nosotros mismos construimos, y que son los pequeños gestos los que provocan el mayor impacto.

Y para terminar, un poco de Mujica:

“Inventamos una montaña de consumo superfluo, y hay que tirar y vivir comprando y tirando. Y lo que estamos gastando es tiempo de vida, porque cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Pero con esta diferencia: la única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta. Y es miserable gastar la vida para perder libertad.” José (Pepe) Mujica

¿Cómo se empieza desde cero?

“El mundo tira ocho millones de toneladas de plástico al mar cada año”

de esto nos alertaba El País en febrero de 2015. Esta cifra, lejos de ir a menos, no para de crecer a diario, contribuyendo a la contaminación de los océanos y por lo tanto afectando de manera directa e indirecta a todas las especies (¡humanos incluidos!).

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Esta es la impactante realidad con la que nos hemos topado. La imagen, lejos de ser un fenómeno aislado, se ve con alarmante frecuencia. Nosotras decidimos dejar de ser espectadoras y cambiar aquello que está a nuestro alcance. Por eso,  en esta entrada queremos demostrarte que es muy fácil reducir el uso del plástico sin hacer ningún esfuerzo. Usando nuestra experiencia como ejemplo, nos gustaría enseñarte cuales son los pasos más básicos para empezar.

1. Una bolsa de tela puede ser tu mejor aliada

¿Te has parado a pensar cuantas bolsas de plástico utilizas cada vez que vas al supermercado? Plátanos, pimientos, arroz o caramelos. Para comprar una simple cebolla utilizamos una bolsa de plástico que acaba en la basura el mismo día. ¿De verdad nos hace falta?

Llevando siempre contigo una bolsa de tela puedes ahorrar un montón de plástico. Son mucho más resistentes y, para qué negarlo, más bonitas. Además, no es necesario gastar dinero, reutiliza una camisa que ya no uses o cualquier tela vieja (¡nosotras tenemos una hecha con un paraguas roto!). Esta bolsa es muy útil no solo para el supermercado, sino para cualquier compra, ya sea una prenda, un regalo o un libro.

2. Be water my friend

Las botellas de plástico son una invasión. Además de la inmensa cantidad de basura generada, que por ejemplo se traduce en 1500 botellas de plástico por segundo consumidas en EEUU, también tiene ejemplos negativos en la salud. Contrastando con la creencia popular de que el agua comprada es más sana, y como nos dicen Ecologistas en Acción: “un análisis del agua embotellada realizado por el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada  y publicado en Environment International encuentra contaminantes hormonales en TODAS las botellas analizadas”.

La solución es tan sencilla como la anterior. Una botella de un material resistente nos durará mucho tiempo, siendo una opción no solo más saludable, sino también más económica. Somos conscientes de que no todas las ciudades tienen agua de buena calidad, así que os proponemos la utilización de jarras con filtro como solución. Esta además os permitirá no tener que comprar agua embotellada para el consumo diario.

3. El pañuelo multiusos

Todos hemos visto a nuestros padres o abuelos utilizar un pañuelo de tela en lugar de los de los famosos Kleenex. Aunque al principio pueda no parecernos lo más agradable del mundo, lo cierto es que tener uno a mano te puede sacar de muchos apuros.

El primer uso es el más obvio, de pañuelo de toda la vida, tu fiel compañero durante los catarros y alergias. Además, es una servilleta cuando estás fuera  o una buena forma de empaquetar comida, traída de casa o comprada en el momento. Es también una manera de animarse a rechazar todos las bolsas que nos ofrecen en las tiendas a lo largo del día. Eso sí, ¡no confundas el pañuelo del catarro con el de la merienda!

Aunque no lo creas, con estos tres pasos estás causando un impacto muy positivo. En primer lugar, estás reduciendo considerablemente tu consumo de plástico y, por otro lado, puede que animando a los que te ven a consumir de una forma más sostenible.